Programa Entrelazos

Editoriales


Habiendo transcurrido unos días ya de la realización de nuestro 1° Congreso de Entrelazos, y comenzando a vislumbrar los posibles caminos de expansión del programa en otras zonas de la ciudad, nos parece necesario detenernos un momento en el camino y ver el panorama que se nos presenta respecto al tema que nos compete: la educación.

Es una noticia por todos conocida, que será imposible cumplir en el corriente ciclo con la exigencia de los 180 días mínimos de clases. Las situaciones ocasionadas por la gripe A y los diversos reclamos que han provenido de luchas sindicales de los gremios docentes y no docentes, contribuyeron a hacer más dificultosa la cumplimentación de esta meta propuesta a principio de año. (No quiero hacer aquí ningún juicio de valor sobre la legitimidad de las demandas salariales que están fuera de discusión).

Esto sigue generando una brecha cada vez más amplia entre quienes reciben educación estatal y quienes pueden acceder desde temprana edad a alguna oferta de educación pública de gestión privada, o de educación privada, confesional o laica.

En un plan normal de educación se considera que un niño/a debería estar alfabetizado en el 3° año de la escuela, y sin embargo, en las escuelas en las que hemos comenzado a trabajar nos dicen que la alfabetización de los alumnos se realiza en el 6° año. Con lo cual, poco podemos esperar de un gran rendimiento escolar de estos alumnos al entrar en la secundaria, comparado con otro tipo de alumnado. Este dato básico basta para vislumbrar la magnitud del problema.

Junto a la escasez de los días de clases, se suma el otro gran problema que es el del ausentismo de tantos niños y niñas que de manera irregular asisten a la escuela y la falta de estímulo familiar que encuentran para cumplir con las metas que deberían estar cubiertas al finalizar un año escolar.

Podríamos continuar detallando otros problemas que afectan como este a la escuela, sin embargo, al mirar de frente esta problemática que nos exigirá un trabajo constante durante muchos años para que la tendencia se revierta en la región y en el país, no nos viene un sentimiento de desasosiego, sino del ánimo de quien quiere arremangarse los brazos para comenzar el trabajo.

Cuál será el lugar que organizaciones como la nuestra y como otras tantas ocuparán en la historia de nuestra nación, es algo que el tiempo se encargará de decir, pero lo hacemos con la convicción de que de la respuesta que demos dependerá el futuro de cada uno de los rostros de las familias que componen Entrelazos.

Para que esta familia siga creciendo hay necesitamos más que nunca del aporte de cada padrino a la difusión del programa. Es el boca a boca, el testimonio personal, el que logra contagiar y hacer que la sinergia se produzca con mayor rapidez. Por otra parte, está en nuestro compromiso el ir sumando agentes al trabajo cotidiano y mejorar día a día el funcionamiento del programa de becas y los servicios subsidiarios que brotan de allí.

En este trabajo nos encontraremos una y otra vez. A los que recién se incorporan, bienvenidos y manos a la obra.

P. Andrés Rambeaud

Dir. Gral.